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Cartas Para Simona — Fabián Fernández Madero

Cartas para Simona, de Fabián Fernández Madero, con la portada, una calificación de 3,5 estrellas y referencias a su historia de amor, cartas, familia y segundas oportunidades.

Género: Romance contemporáneo; Ficción familiar; Drama; Segunda oportunidad; Narrativa con elementos epistolares

Páginas: 86

Formato: Pdf (ARC)

Calificación: ★★★☆☆ (3/5)


Dónde conseguirlo

Por el momento, Cartas para Simona no se encuentra disponible para la venta.

Puedes seguir a Fabián Fernández Madero en Instagram para conocer futuras novedades sobre la novela, su proceso de edición y una posible publicación:


Valoración rápida

Categoría

Calificación

⭐ General

★★★☆☆

✍️ Escritura

★★★☆☆

👥 Personajes

★★★★☆

🌫️ Atmósfera

★★★☆☆

💜 Impacto emocional

★★★★☆

⏳ Ritmo

★★★☆☆

💕 Romance

★★★★☆

🌶️ Spice

☆☆☆☆☆

✨ Originalidad

★★★☆☆

🔄 ¿Lo releería?

Volvería a algunas cartas y escenas familiares.


Sinopsis (Sin spoilers)

Cuando Darío sufre un desmayo y termina internado, Julio se enfrenta por primera vez a la posibilidad de perder al hombre que lo crio.

Darío es oficialmente su tío, pero para Julio siempre ha sido su padre. Aunque ambos se quieren profundamente, nunca han sido demasiado buenos expresando lo que sienten ni hablando sobre el pasado.

Durante la recuperación de Darío, Julio descubre una caja llena de cartas escritas décadas atrás. Todas están dirigidas a Simona, una joven de quien nunca había oído hablar y que parece haber ocupado un lugar muy importante en la adolescencia de su padre.

A través de esas cartas, Julio y su esposa, Laura, conocen a un Darío completamente diferente: tímido, inseguro, enamorado y capaz de convertir una mirada, un recreo o una explicación de matemáticas en el acontecimiento más importante de su día.

Sin embargo, las cartas también revelan una separación que Darío nunca consiguió superar del todo.

Entre recuerdos de 1977, secretos familiares y sentimientos guardados durante casi medio siglo, Julio comienza a comprender que descubrir quién fue su padre antes de criarlo también puede cambiar la relación que tienen en el presente.


Escritura

La novela alterna la narración de Julio en el presente con las cartas escritas por Darío durante su adolescencia.

Esta estructura permite conocer dos versiones del mismo personaje.

Por un lado, está el Darío adulto: reservado, acostumbrado a cuidar a los demás y poco dispuesto a hablar sobre sus propias heridas.

Por otro, conocemos al muchacho de diecisiete años que escribe todo aquello que no se atreve a decirle a Simona.

Las cartas fueron una de las partes que más disfruté.

Darío presta atención a pequeños detalles: la manera en que Simona juega con un lápiz, el lugar donde se sienta, su dificultad con las matemáticas, sus gestos cuando está nerviosa y el perfume a jazmín que termina asociando con ella.

Esa atención transmite muy bien la intensidad del primer enamoramiento, cuando una mirada o una conversación breve pueden convertirse en lo más importante de todo el día.

También me gustó que Darío no fuera un adolescente seguro ni especialmente elocuente.

Se equivoca.

Se queda callado.

Ensaya conversaciones que nunca llegan a ocurrir.

Escribe cartas que no se atreve a entregar.

Esa vulnerabilidad hizo que resultara muy fácil tomarle cariño.

Sin embargo, algunas cartas expresan emociones muy parecidas. El miedo a perder a Simona, la dificultad para hablarle y la ansiedad por volver a verla aparecen varias veces sin que siempre exista un avance nuevo en la relación.

Por momentos sentí que algunas podían haberse condensado.

También hubo ocasiones en las que la voz adolescente de Darío sonaba demasiado elaborada para su edad. Sus mejores momentos aparecen cuando escribe con torpeza, humor o entusiasmo. Cuando el lenguaje se vuelve demasiado poético, pierde un poco de esa naturalidad.

La versión que leí todavía no ha pasado por una edición de estilo ni por una lectura profesional, por lo que también encontré repeticiones, diálogos explicativos y algunos detalles ortotipográficos o de presentación que probablemente cambien antes de la publicación definitiva.


Ritmo

La historia comienza con un acontecimiento que genera preocupación inmediata: Darío se desmaya y Julio recibe una llamada del hospital.

A partir de ahí aparecen las cartas y la novela empieza a moverse entre el presente familiar y la adolescencia de Darío.

Me pasó algo curioso con el ritmo.

Las cartas eran lo que más curiosidad me producía, pero también aquello que hacía que la historia avanzara con mayor lentitud.

Cuando cada carta revelaba algo nuevo sobre Simona, la familia de Darío o la relación entre ambos, disfrutaba mucho la lectura.

El problema aparecía cuando varias cartas consecutivas repetían la misma inseguridad o cuando, después de leerlas, Julio y Laura volvían a explicar lo que yo ya había comprendido.

En algunos momentos sentí que la novela no confiaba por completo en la emoción de las cartas y necesitaba aclararla mediante los comentarios posteriores de los personajes.

El ritmo mejora durante el último tercio.

Las vacaciones familiares, las conversaciones pendientes y la posibilidad de que Darío vuelva a encontrarse con Simona aportan una dirección más clara. Cuando llega la tormenta, la historia recupera buena parte de la tensión emocional que había construido desde el comienzo.

No es una novela de grandes giros ni de ritmo frenético.

Su intención está en los recuerdos, las relaciones familiares y las conversaciones que fueron postergadas durante demasiados años.


Personajes

Darío

Darío fue, sin duda, mi personaje favorito.

El contraste entre el adolescente enamorado y el hombre mayor que guarda aquellas cartas permite comprender cómo algunas experiencias pueden modificar la manera en que una persona se relaciona con los demás.

El joven Darío es tímido, observador y un poco torpe.

Se emociona con cualquier señal de Simona, prepara mentalmente todo lo que quiere decirle y, cuando finalmente la tiene delante, muchas veces no consigue pronunciar una sola palabra.

El Darío adulto conserva buena parte de esa dificultad.

Ama profundamente a Julio y a sus nietas, pero durante años ha preferido demostrarlo mediante acciones cotidianas en lugar de hablar sobre sus emociones.

Su historia tampoco se limita al romance.

Darío tuvo que enfrentar importantes pérdidas familiares y asumir la crianza de Julio cuando todavía era muy joven. Sin embargo, él no considera que haya sacrificado su vida: Julio se convirtió en su hijo y en una de las razones que tuvo para seguir adelante.

Julio

Julio funciona como el puente entre el lector y el pasado de Darío.

Al principio sabe muy poco sobre la vida emocional de su padre.

Lo quiere.

Lo admira.

Reconoce todo lo que hizo por él.

Pero entre ambos existe una distancia construida a partir de años de silencios y conversaciones que nunca tuvieron.

Leer las cartas lo obliga a mirar a Darío como una persona y no únicamente como la figura paterna que siempre tuvo respuestas para todo.

Me gustó especialmente que su evolución apareciera mediante acciones sencillas.

Julio comienza a visitarlo con mayor frecuencia, lo abraza, le dice que lo quiere y se atreve a hacer preguntas que antes habría evitado.

En realidad, aunque el título y la premisa presenten una historia romántica, sentí que el verdadero corazón de la novela estaba en la relación entre Darío y Julio.

Simona

Simona es el centro de las cartas, pero gran parte de lo que conocemos sobre ella proviene de la mirada enamorada de Darío.

Sabemos que es talentosa, que juega tenis de manera competitiva, que vive bajo una fuerte presión familiar y que teme que su vida privada interfiera con su carrera.

Sin embargo, durante buena parte de la historia funciona más como el recuerdo que Darío construyó que como un personaje completamente independiente.

Me habría gustado conocer mucho más de su experiencia.

¿Qué significaba para ella competir desde tan joven?

¿Cómo vivió la separación?

¿Qué ocurrió durante los años posteriores?

¿Qué sintió al descubrir finalmente la verdad?

Cuando Simona puede expresarse por sí misma, la novela ya está terminando. Sus palabras aportan información importante, pero no alcanzan para desarrollar todo lo que vivió lejos de Darío.

Laura, Maca y Renata

Laura aporta calidez, humor y movimiento a las escenas familiares.

Es quien impulsa a Julio a hablar, abrazar y demostrar lo que siente. En algunas ocasiones explica demasiado aquello que acaba de suceder, pero también ayuda a que la familia se sienta cercana y cotidiana.

La historia de Maca y Renata funciona como una especie de espejo generacional.

Mientras Darío y Simona fueron separados por el miedo, la falta de comunicación y el control familiar, Maca tiene la oportunidad de hablar con su padre y descubrir que no necesita esconder a la persona que ama.

Me gustó mucho la intención de esta trama, aunque habría disfrutado verla integrada desde antes y con un poco más de desarrollo propio.

Atmósfera

La historia transcurre principalmente en Glew y combina el presente con los recuerdos de finales de los años setenta.

La ambientación aparece mediante elementos cotidianos: el mate, las facturas (dulces de panadería), la plaza, el colegio, los viajes en tren, las comidas compartidas y las reuniones familiares.

No es una novela que dedique demasiadas páginas a describir lugares, pero consigue construir una sensación de hogar alrededor de la familia de Julio.

Las conversaciones en la cocina, los desayunos, las vacaciones y las bromas entre las nietas hacen que los personajes parezcan tener una vida que continúa incluso cuando no están hablando de Simona.

Las cartas también incluyen algunas referencias al contexto político argentino de 1977. Estos momentos son breves, pero ayudan a situar temporalmente la adolescencia de los personajes y muestran cómo ciertos temas eran tratados dentro de las familias de la época.

El jazmín es otro elemento importante.

Su aroma acompaña el enamoramiento de Darío, queda asociado a Simona y reaparece como una forma de conservar su recuerdo cuando ella ya no está.


Impacto emocional

La novela no llegó a hacerme llorar, pero sí consiguió enternecerme en varias ocasiones.

Los momentos que más me llegaron no fueron necesariamente los más dramáticos.

Fueron aquellos en los que Julio comprendía algo nuevo sobre su padre o se permitía demostrarle un cariño que ambos habían dado por sentado durante años.

También me conmovieron algunas de las últimas cartas.

Darío no solo extraña a Simona. Continúa buscándola en su pupitre, en las clases y en el perfume que quedó asociado a ella.

El reencuentro también tiene una imagen muy bonita.

Simona aparece durante una tormenta y demuestra que esta vez está dispuesta a enfrentarse a aquello de lo que huyó cuando era joven.

Después de tantos años marcados por el miedo y la distancia, su llegada funciona como una respuesta directa a la adolescente que no pudo manejar todo lo que estaba ocurriendo.


Temas

• El primer amor.

• Las segundas oportunidades.

• La relación entre padres e hijos.

• La dificultad para expresar afecto.

• Los secretos familiares.

• El paso del tiempo.

• El duelo.

• La culpa y el perdón.

• El miedo a equivocarse.

• La presión familiar.

• La aceptación.

• Las palabras que nunca se dijeron.


Lo que más disfruté

✔ Darío, tanto en su versión adolescente como adulta.

✔ La relación entre Darío y Julio.

✔ La ternura y la torpeza de las primeras cartas.

✔ Los pequeños momentos cotidianos de la familia.

✔ El jazmín como recuerdo constante de Simona.

✔ La manera en que las cartas permiten que Julio conozca a su padre desde otra perspectiva.

✔ La escena en la que Julio visita a Darío únicamente porque necesita abrazarlo.

✔ El contraste entre la historia de Darío y Simona y la de Maca y Renata.

✔ La llegada de Simona en medio de la tormenta.

✔ La frase sobre el mate y el pupitre vacío.


Lo que menos me convenció

La repetición fue lo que más afectó mi experiencia.

Varias cartas transmiten emociones muy parecidas: Darío extraña a Simona, teme perderla o no consigue expresar lo que siente.

Es coherente con su personalidad, pero no todas las cartas aportan algo nuevo a la historia.

También sentí que Julio y Laura comentaban demasiado lo que acababan de leer. Algunas cartas ya eran suficientemente claras y emocionales, por lo que no necesitaban una explicación posterior.

Me habría gustado que Simona tuviera más espacio fuera de la mirada de Darío. Su vida, sus decisiones y sus emociones se conocen demasiado tarde.

La trama de Maca y Renata tiene una intención muy bonita, pero aparece como una historia secundaria que podría haberse conectado con mayor profundidad al conflicto principal.

Por último, el cierre me dejó insatisfecha.

La novela termina precisamente cuando Darío y Simona han comenzado a hablar con sinceridad. Después de esperar durante todo el libro para verlos juntos, necesitaba al menos una escena adicional o un epílogo que mostrara qué decidían hacer con esa segunda oportunidad.

De todas formas, es importante recordar que esta versión todavía no ha pasado por una edición profesional. Una edición de estilo podría ayudar mucho a reducir las repeticiones, equilibrar las explicaciones y darle mayor fuerza al desenlace.


Te encantará si...

• Hospitalización y problemas de salud.

• Enfermedad crónica.

• Muerte de familiares.

• Duelo.

• Depresión.

• Manipulación parental.

• Separación amorosa.

• Miedo al rechazo por orientación sexual.

• Menciones breves a la dictadura argentina y a personas desaparecidas.


ZONA CON SPOILERS

⚠️ Si todavía no has leído el libro, te recomiendo detenerte aquí.


En serio.

Esta es tu última advertencia.

...

...

...

¿Seguimos?

Perfecto.

Porque necesito hablar de todo lo que ocurrió entre Darío y Simona.

Y sí: me frustró muchísimo.

¿Me están diciendo que pasaron cuarenta y cinco años separados por una mentira?

¿CUARENTA Y CINCO?

Simona estaba enamorada de Darío. Tan enamorada que incluso llegó a pedirle permiso a su padre para llevárselo con ella a Miami. Su madre apoyaba la idea y, aparentemente, ambos habían imaginado la posibilidad de seguir juntos aunque la vida de Simona estuviera cambiando por completo.

Pero entonces apareció su padre.

Se negó.

Adelantó la mudanza.

Y, como si eso no fuera suficiente, le hizo creer a Simona que Darío había estado presumiendo en el colegio de tener una relación con la campeona juvenil.

Perdón, pero...

¿SEÑOR?

¿Era realmente necesario destruirles la vida para proteger una carrera deportiva?

Simona interpretó aquella supuesta indiscreción como una traición. Darío intentó decirle que él no había contado nada, pero ella estaba herida, asustada y completamente convencida de que él la había expuesto.

Y no le creyó.

Ese «no te creo» terminó persiguiendo a Darío durante décadas.

Lo peor es que, años después, el padre de Simona confesó la verdad antes de morir. Había inventado todo porque temía que la relación afectara la carrera de su hija.

Una mentira.

Eso fue todo.

Una mentira dicha por un adulto que tenía demasiado poder sobre dos adolescentes que todavía no sabían cómo defenderse.

Entiendo que ambos eran muy jóvenes.

Darío apenas podía decirle lo que sentía cuando la tenía delante. Era tímido, inseguro y estaba acostumbrado a quedarse callado antes que provocar un conflicto.

Simona, por su parte, vivía bajo la presión de un padre que controlaba su carrera, sus decisiones y buena parte de su futuro. Estaba asustada, confundida y probablemente no tenía las herramientas necesarias para cuestionar lo que él le decía.

Lo entiendo.

De verdad que sí.

Pero eso no impidió que quisiera entrar al libro, sacudirlos a ambos por los hombros y gritarles:

¡HABLEN!

¡BÚSQUENSE!

¡POR FAVOR, NO DEJEN QUE PASEN CUARENTA Y CINCO AÑOS!

Precisamente por eso necesitaba muchísimo del reencuentro.

Y la llegada de Simona durante la tormenta fue uno de mis momentos favoritos de toda la novela.

Después de tantos capítulos leyendo las cartas de Darío, imaginando su voz adolescente y viendo cuánto seguía afectándolo aquella historia, que Simona apareciera finalmente frente a su puerta se sintió como el momento que llevaba esperando desde el principio.

Ella llega empapada.

Darío vuelve a quedarse casi sin palabras.

Y entonces Simona lo llama Dar.

DAR.

El mismo apodo de cuando eran adolescentes.

Yo ya estaba completamente involucrada.

Porque, aunque habían pasado décadas, algo entre ellos seguía allí. En la forma de mirarse, en la incomodidad, en los silencios y en ese reconocimiento inmediato que no necesitaba demasiadas explicaciones.

Y cuando Simona dice:

Una tormenta no me iba a parar esta vez”,

yo solo podía pensar:

AHORA SÍ.

ESTA VEZ NO TE VAS A ESCAPAR.

VE A BUSCAR A TU HOMBRE, SIMONA.

Después llega la cena.

Simona finalmente cuenta la verdad y comienza a disculparse por todo lo que ocurrió.

Darío le explica que la perdonó hace décadas porque no podía seguir viviendo con ese dolor. También reconoce que él pudo haber hecho más, que fue cobarde y que nunca reunió el valor suficiente para ir a buscarla como deseaba.

Y entonces dice:

Hace medio siglo que te he perdonado.

Perdón.

¿Quién me autorizó a sentir tantas cosas?

Ese momento me pareció precioso porque no convierte el perdón en algo sencillo. Darío no olvidó lo ocurrido. No dejó de dolerle. Simplemente comprendió que continuar odiándola o culpándola no le permitiría seguir viviendo.

Además, él todavía recuerda exactamente cuánto tiempo ha pasado.

Simona dice cincuenta años.

Y Darío la corrige:

Cuarenta y cinco años y unos meses.

Ese hombre llevaba la cuenta.

¿CÓMO NO IBA A LLEVARLA?

Después de leer todas sus cartas, era imposible no saber que Darío nunca dejó de pensar en ella.

También me encantó que Julio revelara la existencia de las cartas.

Darío había pasado años escribiéndole a Simona todo aquello que no conseguía decirle en persona. Guardó sus miedos, sus ilusiones, sus pensamientos más vergonzosos y cada pequeño instante que compartieron.

Y ahora, después de casi medio siglo, Simona finalmente sabe que existen.

Cuando pregunta si puede leerlas, sentí que el libro estaba cerrando el círculo de una manera muy bonita.

Las cartas comenzaron la historia.

Permitieron que Julio conociera realmente a su padre.

Acercaron a Darío y Julio.

Y ahora estaban a punto de llegar a la persona para quien habían sido escritas.

Todo estaba listo.

Darío y Simona se toman de las manos.

Se secan las lágrimas.

Él le propone intentar continuar su historia.

Yo ya estaba preparada para una última escena preciosa, un abrazo, un beso, un epílogo, algo...

Y entonces aparece la camarera.

Les dice que su mesa está lista.

Y el libro termina.

...

Perdón.

¿CÓMO QUE TERMINA?

¿Así?

¿En ese momento?

¿Después de hacerme esperar todo el libro para que Simona finalmente descubriera las cartas?

Necesitaba más.

No cincuenta páginas.

No una boda ni un “vivieron felices para siempre”.

Pero sí necesitaba ver qué ocurría después de aquella conversación.

¿Simona leería las cartas esa misma noche?

¿Se quedaría despierta hasta el amanecer descubriendo todo lo que Darío había pensado sobre ella?

¿Cómo reaccionaría al leer la primera carta?

¿Lloraría al encontrar aquella escrita después de su partida?

¿Se daría cuenta de que él nunca dejó de quererla?

¿Intentarían tener una relación en el presente?

¿Serían capaces de conocerse nuevamente sin intentar recuperar a los adolescentes que fueron?

¿Y CÓMO REACCIONARÍA SIMONA AL JAZMÍN?

Necesitaba respuestas.

Sobre todo porque una segunda oportunidad después de cuarenta y cinco años no puede consistir únicamente en aclarar el pasado. También implica descubrir quién es la otra persona ahora.

Darío y Simona ya no son aquellos adolescentes del pupitre, los torneos y las tardes en la plaza.

Han vivido vidas completas lejos del otro.

Han cambiado.

Han perdido personas.

Han cometido errores.

Y justamente por eso habría sido tan bonito verlos decidir, aunque fuera de manera pequeña y cautelosa, si todavía podían construir algo juntos.

No necesitaba un final perfecto.

Ni siquiera necesitaba la certeza de que todo saldría bien.

Solo quería una última escena que me mostrara que la historia no terminaba con el perdón.

Que Simona abriría la caja.

Que Darío se sentaría a su lado.

Que tal vez leerían juntos la primera carta.

O que, por primera vez, él le diría en voz alta alguna de las cosas que durante tantos años solo pudo escribir.

Un epílogo breve habría cambiado muchísimo mi experiencia con el desenlace.

Porque después de tantas cartas, tantos silencios y cuarenta y cinco años perdidos...

Yo también necesitaba saber qué iban a hacer con el tiempo que todavía les quedaba.


Reflexión final

Cartas para Simona fue una lectura tierna, familiar y nostálgica.

Llegué esperando que el romance entre Darío y Simona fuera el centro absoluto de la novela, pero terminé mucho más involucrada en la relación entre Darío y Julio.

Las cartas permiten que Julio descubra que su padre también fue un adolescente inseguro, que estuvo profundamente enamorado y que cargó durante décadas con una herida sobre la que nunca supo hablar.

Al mismo tiempo, esa lectura lo obliga a preguntarse cuánto conoce realmente a las personas que ama y cuánto afecto ha dejado sin expresar.

Darío fue el personaje que hizo funcionar la historia para mí.

Su timidez, su manera de observar a Simona y el cariño que siente por Julio consiguen sostener incluso los momentos en los que el ritmo se vuelve repetitivo.

No fue una lectura perfecta.

La novela todavía necesita una edición de estilo, algunas cartas podrían condensarse y el final se siente demasiado abrupto. También me habría gustado conocer a Simona con mayor profundidad y no únicamente mediante el recuerdo de Darío.

Sin embargo, esta no es todavía la edición comercial definitiva.

Existe una base emocional bonita, personajes entrañables y una historia familiar con mucho potencial. Una edición profesional podría ayudar a que todos esos elementos se sientan todavía más sólidos.

Terminé el libro con cariño por sus personajes y con la sensación de haber entrado durante unas horas en una familia cálida, imperfecta y acostumbrada a reunirse alrededor de una mesa para hablar de todo aquello que antes no se atrevía a decir.

Calificación final: 3/5

Me he quedado en Glew, calentándome las manos con el mate y pensando en un pupitre vacío.

Interacción con el autor

La copia que recibí todavía no corresponde a la edición comercial definitiva.

El autor me explicó que el manuscrito cuenta con una corrección gramatical, pero aún no ha pasado por una edición de estilo, lectura profesional ni maquetación final. Actualmente se encuentra reuniendo patrocinadores para poder costear ese proceso, quienes serán incluidos posteriormente en la página de agradecimientos de la novela.

Por ese motivo, algunos de los aspectos de estilo, ritmo y presentación que menciono en esta reseña podrían cambiar antes de su publicación oficial.

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